En esas mañanas, que no importaba si
hacía frío o calor, si llovía o estaba destemplado, sí era
importante que no fuera sábado o domingo, porque claro está, esos
días los bancos no trabajan.
Mi mente, antes que comience la
apertura de la institución, elaboraba estrategias. Llamados
indefinidos e interminables, contactos con abogados, contadores,
armados de sociedades con fines del que fuere. Lo importante, era
establecer un guión que sea creíble, poner la mejor escenografía
que hubiere, efectos especiales, que las luces no fueran tan firmes
así el rostro de los personajes no se viera en forma contundente
(dudas ante un reconocimiento), que la música sea a gusto de los
espectadores, que estén cómodos en sillones…
A mayor cantidad de espectadores,
mayor sería la plata a disfrutar…
La obra se llamaría “el último
apaga la luz”.
Si tuviera que terminar el yo
fui, diría “palabra de
estafador”, y si tengo que terminar el yo
soy: “palabra de fe, amor
y misericordia, de una vida que la voy a consagrar al señor”
-Eduardo Palmisano Noce, pabellón
4/9-
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